Otra vez Cercanías a la mierda: Villaverde Alto y la humillación diaria de miles de madrileños
Otra vez Cercanías a la mierda: Villaverde Alto y la humillación diaria de miles de madrileños
Hoy, como si fuera una maldita tradición española, las líneas C-4a, C-4b y C-5 vuelven a estar en modo caos. Demoras, detenciones y recorridos modificados por una “incidencia en la infraestructura” en la estación de Villaverde Alto.
Traducción del lenguaje corporativo de Renfe: algo se ha roto otra vez y no tenemos ni puta idea de cuándo lo vamos a arreglar.
Y esto no es un accidente puntual. Esto es el estado normal de Cercanías Madrid.
Cada pocas semanas aparece el mismo mensaje amarillo en la aplicación: retrasos, cancelaciones, vagones parados bajo el sol o bajo la lluvia. Miles de personas que pagan su abono religiosamente se ven obligadas a improvisar, llegar tarde al trabajo, perder clases o simplemente resignarse a formar parte de un rebaño maltratado.
Villaverde Alto se ha convertido en el eterno punto negro. Una estación que actúa como cuello de botella donde la infraestructura vieja, mal mantenida y peor gestionada decide cuándo y cómo vamos a sufrir. Porque esto no es mala suerte. Es negligencia institucionalizada.
Mientras el Gobierno y la Comunidad de Madrid se pelean por banderitas y se echan la culpa mutuamente, la red de cercanías —la que de verdad sostiene la economía del sur y sureste de Madrid— se cae a pedazos. Invertimos cientos de millones en trenes AVE a ciudades que no llegan a los 50.000 habitantes para salir en las fotos, pero no somos capaces de mantener decentemente las líneas que mueven a trabajadores reales cada día.
Esto ya no es un problema de transporte. Es un problema de respeto.
Es de muy mal gusto tratar a la gente que se levanta a las seis de la mañana para ir a currar como si fueran ciudadanos de segunda. Porque eso es exactamente lo que está pasando: los que pueden permitirse un coche o teletrabajar se salvan. Los demás… que aguanten.
Renfe y Adif llevan años gestionando esto con la misma profesionalidad que un chiringuito de playa en noviembre. Parches, comunicados vagos y cero rendición de cuentas. Nadie dimite. Nadie asume responsabilidades. Mañana saldrá otro comunicado igual de estéril y seguiremos igual.
Es indignante.
Es agotador.
Y lo peor es que ya ni sorprende.
Si vives en Getafe, Parla, Fuenlabrada, Humanes, Pinto o cualquier municipio del sur, ya sabes que usar Cercanías es jugar a la ruleta rusa con tu tiempo y tu paciencia.
Basta ya.
No pedimos trenes de lujo. Pedimos trenes que funcionen. Pedimos mantenimiento serio. Pedimos que dejen de tratarnos como ganado que tiene que conformarse con migajas.
Mientras no haya consecuencias reales para los que gestionan este desastre, nada va a cambiar. Seguiremos viendo los mismos mensajes amarillos, las mismas excusas y la misma mierda de siempre.
Traducción del lenguaje corporativo de Renfe: algo se ha roto otra vez y no tenemos ni puta idea de cuándo lo vamos a arreglar.
Y esto no es un accidente puntual. Esto es el estado normal de Cercanías Madrid.
Cada pocas semanas aparece el mismo mensaje amarillo en la aplicación: retrasos, cancelaciones, vagones parados bajo el sol o bajo la lluvia. Miles de personas que pagan su abono religiosamente se ven obligadas a improvisar, llegar tarde al trabajo, perder clases o simplemente resignarse a formar parte de un rebaño maltratado.
Villaverde Alto se ha convertido en el eterno punto negro. Una estación que actúa como cuello de botella donde la infraestructura vieja, mal mantenida y peor gestionada decide cuándo y cómo vamos a sufrir. Porque esto no es mala suerte. Es negligencia institucionalizada.
Mientras el Gobierno y la Comunidad de Madrid se pelean por banderitas y se echan la culpa mutuamente, la red de cercanías —la que de verdad sostiene la economía del sur y sureste de Madrid— se cae a pedazos. Invertimos cientos de millones en trenes AVE a ciudades que no llegan a los 50.000 habitantes para salir en las fotos, pero no somos capaces de mantener decentemente las líneas que mueven a trabajadores reales cada día.
Esto ya no es un problema de transporte. Es un problema de respeto.
Es de muy mal gusto tratar a la gente que se levanta a las seis de la mañana para ir a currar como si fueran ciudadanos de segunda. Porque eso es exactamente lo que está pasando: los que pueden permitirse un coche o teletrabajar se salvan. Los demás… que aguanten.
Renfe y Adif llevan años gestionando esto con la misma profesionalidad que un chiringuito de playa en noviembre. Parches, comunicados vagos y cero rendición de cuentas. Nadie dimite. Nadie asume responsabilidades. Mañana saldrá otro comunicado igual de estéril y seguiremos igual.
Es indignante.
Es agotador.
Y lo peor es que ya ni sorprende.
Si vives en Getafe, Parla, Fuenlabrada, Humanes, Pinto o cualquier municipio del sur, ya sabes que usar Cercanías es jugar a la ruleta rusa con tu tiempo y tu paciencia.
Basta ya.
No pedimos trenes de lujo. Pedimos trenes que funcionen. Pedimos mantenimiento serio. Pedimos que dejen de tratarnos como ganado que tiene que conformarse con migajas.
Mientras no haya consecuencias reales para los que gestionan este desastre, nada va a cambiar. Seguiremos viendo los mismos mensajes amarillos, las mismas excusas y la misma mierda de siempre.
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminarEso es culpa de lo gordo que eres
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